Este artículo es parte de un sermón predicado en el mes Enero de 2014 en nuestra Iglesia. Ha sido editado y adaptado para este artículo.

Creciendo en santificación

Cuando vemos el testimonio del apóstol Pablo y lo que registra la escritura en cuanto al sufrimiento por la causa de Cristo nos asombra.
Al leer 2 Corintios 11:24-33 podemos darnos cuenta que fue llevado a extremos en muchos casos inhumanos.
Pasó por un sin número de situaciones que hoy no podríamos tolerar y seríamos llevados a desconfiar de Dios o, incluso, volver atrás al dudar del llamado de Dios.
Cuando leemos la galería de los héroes de la fe en Hebreos 11 nos preguntamos del ¿por qué razón Pablo y tantos otros cristianos de los cuales tenemos su historia en la Biblia o en la historia de la Iglesia, soportaran todo el dolor y sufrimiento de una manera tan íntegra?.

Por supuesto que estos hombres y mujeres amaban a Dios y estaban en un constante esfuerzo por agradarle.

Los anhelos en la vida de Pablo

Pablo escribiéndole a los filipenses, les dice que sus principales anhelos eran cuidar su testimonio para que el evangelio no sea avergonzando y que Cristo sea magnificado (Filipenses 1:20). Y luego resume su vida diciendo: ”Para mi el vivir es Cristo, el morir es ganancia” (Filipenses 1:21).
Este vivir es Cristo significa obviamente una relación diaria con el Señor y esfuerzo en vivir de acuerdo a los estándares de Dios. Su vida era un proceso constante de negarse a si mismo, tomar su cruz y seguir en pos de Cristo.

¿Cómo es que Pablo podía mantenerse en esto?
Escribiéndole a los Romanos podemos ver que Pablo tenía un “plan” para poder cumplir con estos anhelos.
Revisaremos brevemente estos pasajes para entender lo que significaba para Pablo “vivir es Cristo”.

Pasos para crecer en santidad

1.     Reconocer el problema
Pablo dice “Yo soy carnal” (7:14) y añade posteriormente “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien” (7:18)
Una de las primeras cosas que debemos considerar es aceptar que los residuos de la vieja naturaleza, aunque derrotada y dominada, aun permanece en nosotros y una batalla debe ser mantenida contra ella.

Las 2 naturalezas:
Desde Romanos 6:6 Pablo nos habla de una de los más importantes aspectos de la batalla contra el pecado diciendo: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado”.
Él comienza a explicar la aparente contradicción de todo creyente que mientras hay un anhelo verdadero por la sanidad, el pecado aun se levanta en el corazón. Esto se conoce comúnmente cono el conflicto de las dos naturalezas: la vieja naturaleza, destronada y debilitada, pero aun ahí y la nueva naturaleza, una mejor, que es dada en la conversión.
La vieja naturaleza, la que es controlada por el pecado, por objetivos egoístas, ha muerto en el sentido que murió su dominio y reinado (Romanos 5:21) y también murió en el sentido que ya no puede llevar a la persona al infierno.
Si fallamos en reconocer esto, nos llevará a una complacencia terrible y fatal hacia el pecado y entregará dominio una vez más a la vieja naturaleza. Una seria determinación de luchar contra el pecado es la única manera para vivir como cristiano.

Sin embargo, esta es una postura que muchos creyentes, bombardeados por la mundanalidad y la informalidad parecen reacios a tomar.

2.     Tener objetivos positivos
La segunda etapa en el viaje a la santidad es encontrada en las palabras de Pablo: “Porque no hago el bien que quiero”. (7:19a)
Cuando analizamos estas palabras del apóstol nos damos cuenta que tiene una clara intención, una opción y determinación en hacer algo. Es como si dijera: “lo que he planeado hacer bien no puedo llevarlo a cabo”, mostrándonos que tiene objetivos en su mente que le embargan todos sus días. No son aspiraciones vagas ni vacías, sino tiene una vista clara de los objetivos que quiere honrar.
Ilustremos esto con un atleta quien entrena diariamente para mejorar su desempeño, trabajando para lograr ciertos tiempos o distancias. El atleta sería un necio en trabajar sin tener objetivos a cumplir.
Nosotros deberíamos preguntarnos: ¿Qué tipo de persona debo ser hoy?, ¿Estoy orando y esforzándome por dar el fruto del Espíritu?
Debemos anhelar y planear, por ejemplo, ser más paciente y preocupado por otros (especialmente por su bienestar espiritual), tener una conversación más edificante y ser más diligente en todo lo que hago.
Una estrategia práctica o un plan para tener éxito en distintas áreas de nuestra vida deberían ser determinadas en nuestras mentes y comprometidos con la oración.  ¿Nos creamos objetivos espirituales regularmente?.
Pablo muestra claramente su política de objetivos en estas palabras “El bien que yo quiero”. O podríamos decir: “Las cosas que consciente y específicamente propongo”. Omitir este plan y compromiso diario será perder los peldaños hacia los pisos superiores de la santidad personal.

3.     Plan para evitar pecar
El tercer paso es encontrada en la segunda parte del verso 19: “Porque el mal que no quiero”.
La fuerza de estas palabras la entendemos mejor si la expresamos de la siguiente manera: “El mal que he determinado no hacer”. En la mente de Pablo hay un plan de acción que tiene por objetivo no hacer ciertas cosas.
En el paso anterior él llenó su mente con intenciones y objetivos positivos, ahora se compromete a mantenerse firme contra pecados específicos.
No podemos saber exactamente que estaba mal en el plan de Pablo, pero cuando nos auto examinamos, conocemos muy bien cuál debería ser en nuestro caso.
Algunos creyentes caen fácilmente en la codicia, orgullo, pensamientos impuros, enojos, malas palabras, chisme, etc. El objetivo que cada creyente debería mantener es resistir estas cosas cada día.
El pecado no será vencido si primero no anhelamos evitarlo y, en segundo lugar, no tenemos un plan de batalla planificado.

4.     Mantener el autoexamen
Junto con objetivos, y mirando el versículo 19, vemos que Pablo es muy consciente de sus resultados en la lucha por la santidad. ¿Cuál sería el punto de hacer objetivos si no nos interesamos en ejecutarlos?.
Esto fue muy importante para Pablo ya que él se mantenía mirando y revisando su conducta, probablemente cada día. Aparece en este pasaje siendo profundamente preocupado cuando sus objetivos no eran cumplidos y sin duda se arrepentía y renovaba su dedicación al Señor constantemente.
Será muy difícil obtener un progreso constante si el autoexamen es pasado por alto, ni somos llevados a sentirnos mal por no haberlo cumplidos. Si no consideramos esos momentos de dolor y pesar, el pecado dejará de parecer serio y la conciencia gradualmente perderá sensibilidad.
El autoexamen incluye el reconocer nuestra negligencia en no hacer lo correcto (pecados de omisión) como hacer lo que está mal (pecados de comisión).

5.     Buscar ayuda espiritual (7:24-25)
Pablo agradece a Dios por Cristo y en el capítulo 8, nos da el detalle del caminar conforme al Espíritu (8:1-4) y obtener poder del Espíritu (8:11-14).
Pero para poder lograrlo es que debemos estar buscando constantemente la ayuda de nuestro Dios.
La oración de Cristo enseña  a los creyentes a orar: “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”. Cuando malos deseos y otras cosa vienen de la vieja naturaleza o cuando tentaciones vienen desde nuestro alrededor, llamamos al Señor diariamente orando por una conciencia viva y fresca de que somos observados por el Señor.

6.     Mente puesta en las cosas eternas (8:5-6)
Otro crucial paso para avanzar en santificación es el trabajo activo en dirigir nuestros intereses a temas espirituales.
Pablo escribe a los colosenses: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Por supuesto que hay interés en cosas terrenales: Trabajar, estudiar, etc.; pero estas cosas no debe quitar nuestro interés y prioridad en Dios.
Cada día debemos estar manteniendo a Dios como prioridad. Diariamente existirán situaciones donde deberemos decidir. Pablo cuando le escribe a los filipenses les señala que está orando para que crezcan en amor y en conocimiento. No simplemente para que llenarles la mente de verdades, sino que,  puedan “aprobar lo mejor”. Es decir, ante cada situación a los que van a tener que enfrentarse, donde van a tener que elegir, puedan escoger lo que es mejor de acuerdo a la voluntad de Dios.
Podrías preguntarte: ¿Será bueno ver esto?, ¿Será bueno gastar mi tiempo tras la televisión?, ¿Honra esto al Señor?
Pero para poder hacer correctamente es necesario conocer la voluntad de Dios expresada en su Palabra y por eso Pablo ora a favor de cada creyente
Entonces, al considerar cada decisión, debemos preguntarnos y asegurarnos que están pensadas en las cosas eternas.
Pablo siempre elegía lo que era mejor para que el evangelio progresara y Dios no fuera avergonzado.

7.     Mortificar el pecado (Romanos 8:13)
Ninguno de los pasos debe ser pasado por alto, pero este es uno decisivo. En Romanos 8:13 dice: “si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”.
Tomando la ayuda de Dios, en oración (v19) nosotros dejaremos el pecado y redireccionaremos nuestros pensamientos en cosas mejores. Los restos del pecado, mientras vivamos, seguirán intentando tomar control y si el pecado no es frenado, producirá pecados dominantes y escandalosos.
Dios nos dio el Espíritu Santo y una nueva naturaleza para que tengamos los medios necesarios para vencer.
Sin este deber, los demás deberes de la vida cristiana no podrán ser cumplidos.