Este artículo ha sido tomado de un sermón de la carta a los Gálatas predicado en el mes Junio de 2013 en nuestra Iglesia. Ha sido editado y adaptado para este artículo.


Gálatas 6:7-9

El apóstol Pablo, luego de haber defendido con fuerza la salvación por fe solamente, sin las obras de la ley, emite esta advertencia a los creyentes en relación de estar engañándose a si mismos.

Hoy en día, donde el conformismo ha entrado en las Iglesias, impulsado por el evangelio de la prosperidad que pone a Dios como nuestro empleado, debemos considerar estas palabras.
Precisamente, uno de los temas predilectos de los “ministros” de la prosperidad es hablar de la abundancia de cosas materiales que el cristiano debe lograr para sentirte bien en este mundo y ser “reconocido” como hijo de Dios.
Pero, ¿No dijo acaso Cristo que un cristiano se conoce por sus frutos?
¿No fue nuestro Señor quien dijo que no se puede servir a dos señores?

¿Será que estamos engañados?.
¿Habrá tenido éxito el enemigo de nuestras almas a través de sus múltiples campañas dirigidas a los hijos de Dios?
Basta con ver el estado de Iglesias que años atrás defendían la fe verdadera y que en algún momento dieron lugar a los errores y están, lamentablemente, engañadas tras un evangelio diluido con costumbres y métodos no bíblicos.

Los estándares de Dios han sido dejado de lados para dar paso a vidas de líderes liberales y que, por consiguiente, a través de sus enseñanzas han traído decaimiento espiritual (en el mejor de los casos) sobre muchas Iglesias y cristianos.

Una de las más exitosas campañas de Satanás ha sido resaltar un solo atributo de Dios: el amor. Por supuesto no dudamos del amor de Dios, pero de la misma manera que un vehículo sin sus ruedas no está completo, exaltar sólo el amor de Dios, sin sus atributos de santidad y justicia, nos muestra un Dios distorsionado y esto hace que nos tornemos indiferentes y no veamos la necesidad de estar viviendo de acuerdo a los estándares del creador.

El apóstol entonces nos hace un llamado ferviente y directo para que conozcamos ciertas características que todo cristiano debería tener.
Dejemos que las advertencias del apóstol recuerden nuestras responsabilidades que tenemos para con Dios.

¿Podemos burlarnos de Dios?
No os engañéis, Dios no puede ser burlado.

Muchos se imaginan a Dios de edad muy avanzada, limitado, que casi no puede ver, por lo que podemos engañarle fácilmente.
Otros pueden llegar a creer, como enseñan algunas religiones, que basta con que tus obras buenas seas más que las malas para que Dios no esté “enojado” contigo

Pero Pablo, un pilar en los fundamentos de la Iglesia, nos ha dejado un maravilloso principio que repite en cada una de sus cartas: “el creyente no puede vivir de acuerdo a sus propios intereses sino que debe vivir de acuerdo a la voluntad del propio Señor”.
Romanos 12:1-2 enseña que debemos presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable, y que como cristianos no deberíamos amoldarnos al mundo.
Efesios 1:4 nos habla del propósito del llamado del Señor: vivir vidas santas y sin manchas delante de él.

¡Si tan sólo los predicadores modernos no olvidaran estos pasajes!

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

¿Es posible que creyentes sean engañados?
Sí. Como creyentes, sin darnos cuentas, podemos llegar a pensar que para tener satisfacción necesitamos tener alguna medida del mundo, siendo tentados por Satanás a desear cosas terrenales más allá de lo permitido, buscando esto quitarnos el interés y la preocupación por las cosas de Dios.

Si supiéramos la hora o el momento en que Satanás viene a tentarnos, estaríamos preparados, pero como esto no es así, el mismo apóstol les dice a los Efesios: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”.
La palabra asechanza usada aquí tiene que ver con un engaño oculto o disimulado para perjudicar a alguien.
La palabra de Dios nos dice que como cristianos debemos conocer las artimañas del Diablo (2da Corintios 2:11), y una muy exitosa que ha usado por años, especialmente las últimas décadas, es quitar la atención de las cosas espirituales a través del amor a las cosas del mundo.

En una sociedad consumista y egoísta, es demasiado fácil preocuparse mayormente por las cosas materiales.

¿Es posible que un creyente se burle de Dios?
Tengamos en cuenta que el apóstol no está hablando de la salvación. No olvidemos que somos salvos por gracia y que no podemos ganarla bajo ningún sistema de obras (Efesios 2:8). Esto es sólo a través de la obra redentora de Cristo en la cruz del calvario. Pero una vez salvos, esta ilustración de sembrar y cosechar sí aplica para nosotros. Las obras no salvan, pero muestran que ha existido una conversión verdadera (la fe sin obras es muerta).

Para un agricultor preocupado, la siembra es un trabajo que merece su atención y  la cosecha dependerá en gran medida de ello.
Aplicando este ejemplo a nuestro caminar cristiano, tenemos una responsabilidad en el hacer y que de acuerdo a lo que hagamos, a la preocupación y esmero que tengamos en ello, serán los resultados.

Salomón ya había escrito acerca de esto: “Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios”.

Entonces: ¿Qué estamos sembrando?, ¿Qué estamos haciendo?
Muchos cristianos están sembrando exclusivamente para la carne. No hemos hecho caso al llamado de Dios de no desear las cosas terrenales y el materialismo nos consume.
Hoy es común ver creyentes que no consideran la importancia del día del Señor porque este mundo ha tomado su tiempo; los amigos, un buen descanso, y otras cosas, nos mantiene alejados del servicio a Dios.

En este punto debiéramos preguntar si esa nuestra actitud o si hemos estamos sembrando para la carne.

Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción”.
El cristiano nunca debe olvidar que la salvación en Cristo es lo más sublime que podamos tener y por lo tanto nuestros sentidos de satisfacción están plenos en Cristo que nos ha dado acceso al cielo por su muerte y resurrección.

Si los creyentes tienen una preocupación extrema por las cosas materiales y las cosas espirituales están en segundo plano, no esperemos vidas espirituales fervorosas. No quitemos de nuestra mente que todo lo material pasa, aún nuestros días en la tierra son contados y llegará un día en que te darás cuenta que una parte de tu vida la desperdiciaste.

Por supuesto necesitamos cosas materiales pero, ¿necesitaremos grandes lujos para hacernos sentir bien o aquellas cosas que pueden mantenernos engañados?.
Esas cosas materiales llenan nuestros tiempos y mentes, y oculto traen envidias, orgullo, etc. El resultado es decaimiento espiritual, cero utilidad para la obra de Dios.
¿Honraría esto las palabras de Cristo en Mateo 6:19-34?

Salomón, muchos años antes había escrito:
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento”.

¿Podrás decir en algunos años más que tu obra en estos días ha sido de acuerdo a la voluntad de Dios?, ¿Podrás sentir en ellos alegría, contentamiento cuando recuerdes tus actos para el servicio de Dios?

¿Cuál es la actitud correcta del creyente?
Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna

Que tremenda promesa tenemos si sembramos para el Espíritu: ¡cosechar vida eterna!

¿Vida eterna futura o ahora?
La vida eterna es algo que comienza ahora mismo. El apóstol Juan en su primera epístola dice: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna“.
Por supuesto la vida eterna será completamente visible y entendida en un futuro, pero lo que el texto nos quiere decir es que como hijos de Dios, la vida eterna la debemos vivir todos los días ya que describe una calidad de vida. Esto significa que debemos pensar y andar en base a esas cosas eternas.

Lo explicaré de esta forma. En la conversión, el creyente recibió una nueva naturaleza con nuevos deseos, una nueva mente, un nuevo corazón. Entonces ahora, por la obra del Espíritu Santo, somos llamados a tener la mente de Cristo. En el capítulo 5 del libro de Gálatas Pablo escribió: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu“. En otras palabras, si hemos sido nacidos de nuevo entonces andemos conforme a esa nueva naturaleza.

¿Dónde tuvo puesta su mente Cristo?
Siempre tuvo su mente en las cosas eternas. Cuando vino a esta tierra, lo hizo por redimir a su pueblo para que pudieran escapar del castigo eterno y para dar vida eterna.
Ahora podemos sentir más de él en nuestra vida, tenemos entendimiento de su bondad, naturaleza, poder y gloria,
Lo que antes era “locura” ahora lo vamos comprendiendo.

También, como lo expresará el apóstol Pablo, en los versículos siguientes del pasaje bíblico, si hacemos el bien, hay un momento en el que segaremos.
No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
Que mayor bendición es poder llevar el evangelio a toda criatura y ver el resultado de ese trabajo en almas que han venido a Cristo.

Cuando estamos envueltos en el servicio a Dios, nuestra certeza y seguridad aumentará. Pero también ocurre lo contrario, si siembras sólo para las cosas materiales y no piensas en las cosas de Dios, cosecharás corrupción y tu mente estará puesta sólo en cosas temporales y terrenales, sin importancias eternas.

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos
Veamos algunos puntos importantes de este maravillo versículo:
1. ¿Qué es hacer bien?. La palabra bien usada acá tiene la connotación de hacer cosas hermosas. Entonces. ¿Qué es lo más hermoso? No dudamos que ayudar a la gente es hermoso, pero lo más hermoso es ayudar a las almas a que conozcan el evangelio.

2. ¿Podemos cansarnos?. Es posible que nos cansemos pero esto debe venir de hacer algo. Nunca debes confundir el cansancio espiritual con la pereza espiritual. Para el cansancio espiritual, tenemos promesas de consuelo, fortaleza. Para la pereza o flojera espiritual el resultado nada tiene que ver con consuelo.

3. A su tiempo. Ese momento en que se habrá resultados. Que importancia tiene este término porque aprendemos que no es de acuerdo a nuestros tiempos sino de acuerdo al tiempo de Dios. Muchos cristianos han cesado su trabajo porque no “han visto” resultados. Distinto hubiera sido su actitud si hubieran sido motivados y fortalecidos por este hermoso versículo. Oramos para que fuerzas sean renovadas, consoladas para que el trabajo no mengue, sino que haya una constante siembra para el espíritu, sabiendo que el “crecimiento lo da el Señor

Estimado lector, espero que este artículo sea un gran aliento para ti, porque si estás trabajando y preocupado de las cosas eternas, la promesa es que cosecharemos. Y nuestro Dios, además es inmutable, por lo que sus promesas están para su pueblo.

Entonces, no nos cansemos de hacer bien, no desmayemos. No nos dejemos distraer por las cosas que este mundo ofrece.
Tengamos cuidado de las asechanzas que se presentarán en el camino con el fin de anular nuestro servicio para el Señor.

Seamos cuidadosos, tenemos un tiempo limitado antes de partir de esta tierra. No desperdicies la maravillosa opción de sembrar para salvar almas. ¡Que privilegio nos ha dado Dios!.

De la misma manera como un agricultor prepara la tierra, asegúrate de sacar las cosas del mundo de tu vida.
Saca la ambición personal, el orgullo y esas malezas que puedes cubrirte de no cortarlas.

¿Dónde esta tu trabajo?
¿En qué estás gastando la vida?,
¿Trabajo para Dios o sembrando para la carne?